
Hoy quiero compartir una experiencia que, aunque parece sencilla, se convirtió en un pequeño gran paso para mi hija de 10 años: su primera visita a la peluquería. Hasta entonces, siempre le habíamos cortado el pelo en casa. Pero llegó el momento de sanear las puntas, y convencerla no fue fácil.
¡Te cuento!
¿Por qué mi hija no quería cortarse el pelo?
Mi hija, como muchas niñas a su edad, tenía una idea clara: “Cuanto más largo, mejor”. No quería ni oír hablar de tijeras. Pero su pelo ondulado, abundante y precioso, necesitaba cuidados. Las puntas estaban secas y abiertas, y era el momento de actuar.
Creo que parte de su resistencia venía de la comparación. En su grupo de amigas, todas tienen el pelo lacio, y ella, con sus ondas y volumen, a veces se sentía diferente. Es esa edad en la que te fijas más en lo que te separa que en lo que te hace única. Le explicamos que su pelo es genial, pero que, como todo, necesita atención.

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¿Cómo prepararla para su primera visita a la peluquería?
No fue fácil convencerla, pero con paciencia y cariño, accedió a ir. Elegimos una peluquería cerca de casa, con buen ambiente y profesionales acostumbrados a trabajar con todo tipo de personas. Antes de ir, hablamos de lo que iba a pasar: que vería secadores, lavados, productos… y que la peluquera le explicaría todo.
> Consejo clave: si tu hija es nerviosa, visita antes la peluquería para que conozca el lugar y se familiarice.

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El día del corte: qué esperar y cómo reaccionar
Al entrar, sus ojos se abrieron como platos. El ambiente de una peluquería es todo un espectáculo para una niña: peluqueras trabajando, secadores, lavados de pelo, productos de colores… La peluquera que la atendió fue supercariñosa. Le explicó por qué es importante cortar las puntas cada cierto tiempo y le preguntó cuánto quería quitarse. Mi hija, fiel a su estilo, pidió lo mínimo posible.
El corte fue rápido y, la verdad, apenas se notó la pérdida de longitud. Pero al salir, se vio rara. No le hizo mucha gracia. Le expliqué que es normal sentirse así: el pelo sale más repeinado y diferente, pero en un par de días todo vuelve a su sitio.
> Truco: si tu hija sale incómoda, un recogido o una coleta pueden ayudar a que se sienta mejor hasta llegar a casa.
3 errores que debes evitar:
- Forzar el corte: si no está preparada, espera y trabaja su confianza.
- Minimizar sus sentimientos: frases como “no es para tanto” no ayudan. Mejor valida su emoción: “entiendo que te sientas rara, es normal”.
- No prepararla antes: explicarle el proceso y visitar la peluquería antes reduce la ansiedad.

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Este pequeño episodio me recordó lo importante que es acompañar a nuestros hijos en esos momentos de cambio. A veces, lo que para nosotros es rutina, para ellos es un mundo nuevo. Y, sobre todo, me reafirmó en que la aceptación y el cariño son las mejores herramientas para ayudarles a quererse tal como son.
Espero que esta pequeña experiencia os pueda servir como referencia para evitar futuras crisis capilares. Seguimos hablando en breve.
¡ABRAZO!
Roy.
> PD – Al final, mi hija me pidió guardar sus puntas en un sobre… ¡por si acaso! 🙂

Roy Rizan
Experto en rizos